Archivo mensual: abril 2006

Dolor

Descubrir con qué facilidad se infringe dolor me causa cada vez mayor horror, y ya no solo es la ligereza con que se causa sino también la impunidad del acto.
No consigo entender la satisfacción que puede producir torturar, cualquiera que sea la forma, a un ser más débil, ni siquiera la propia naturaleza concibe tal acto.
Contemplar las situaciones de dolor, de sufrimiento ajeno, cada vez se me hacen más intolerables, es como si en cada una que observo o que descubro o que me cuentan me arrancaran un trozo de piel, y fuera tanta la que me faltara ya, que el mero roce con la angustia, con la amargura… me tocara la carne viva produciendome una ansiedad y desconsuelo infinito.
No encuentro razón a la existencia del dolor en sí, pero deleitarse o ignorar el ajeno me resulta inconcebible.
El único antídoto para el dolor es el amor, el amor infinito, el amor en bruto, el de las entrañas, ese amor que traspasa parte de uno mismo al otro, ese amor que arropa y que funde, ese amor que fortifica y sana.
 
 

Ni si, ni no, sino todo lo contrario.

Hoy no sabria definir el paisaje que contemplo, hoy estoy tan confusa como el cielo que me cubre, parece que quiere despejar y de pronto, nubes negras lo secuestran, pero como sin prisa se van y dejan paso a los cirros, en sus diferentes formas, ahora forman una capa casi continua que presenta el aspecto de una superficie con arrugas finas y formas redondeadas como pequeños copos de algodón, o tienen la apariencia de un velo, siendo difícil distinguir detalles de estructura.
No sabría precisar si resulta bonito, impreciso, borroso, ambiguo, no sabría determinar si tengo la mirada difusa, desvanecida… no se ni tan siquiera si soy capaz de conseguir un relato coherente o tan solo me ha dado por emplear el mayor número de adjetivos juntos en un diminuto espacio.
Estoy intentando permanecer equilibrada, o al menos, lo suficientemente equilibrada para poder descubrir el por qué de que el dicho "una de cal y otra de arena" sea el lema de la vida en si, o mas que culpar a la vida en si, sea el lema que la humanidad a tomado como eslogan para sus andanzas.
Es como si estuviera en un sueño, en el que cuando consigo encontrar ese cristalino y aquietado lago, que parece el espejo del infinito, y venciendo la natural objeción ante tanta calma, me animo a adentrarme hasta su mismo centro para observar, desde él, todo lo que me rodea, y cuando mas absorta estoy ¡ZAS! aparece el monstruo del lago (no tiene por qué ser Ness) y lo manda todo a la…………….
Lo que me resulta mas gracioso aún es que encontrandome principalmente llena de rabia y de impotencia y de unas ganas terribles de gritarle al mundo y llenarme la boca de todo el leguaje mas sucio que pueda reunir como artillería pesada, tengo el ánimo disuelto, como, no se, si estuviera mudo, y para colmo, encuentro, en esta recién descubierta disciplina del silencio, una extraña sensación de esperanza, de equilibrio, de un nuevo estilo de caminar.
Quien sabe, creo que todo es tan relativo… 
 

Hasta siempre

          Hoy he perdido un pedacito de amor, de pequeña entrega, de amistad truncada, hoy tengo el espíritu de luto, doliente, con ese dolor egoista que nos hace retener a quien parte sin dejarle volar hacia su descanso, reforzando con nuestro pesado lamento cadenas que logren retener, aunque sea por un rato mas, a quien nos abandona para ir en busca de esa respuesta que inquieta nuestro existir. La vida es asi, lo se, vivir y morir, pero así como odio las despedidas, odio tambien las rupturas sin sentido. Desde la calma del silencio interior, puedo encontrar mil detalles que arranquen sonrisas en momentos como estos, pero me parece irreverente que en momentos en que la etiqueta impone el riguroso llanto, que aclaro he cumplido con creces, pues soy de lagrima ligera, seamos capaces de sonreir e incluso atenuar el dolor con tan solo pensar sinceramente en quien se ha ido, y no en los que hemos quedado.
           Hace ya un tiempo, siglos me parece ahora, escribí unas letras que creo viene al comentario de hoy.

Cuan egoísta es el hombre, que piensa que sus problemas son los peores;

Y ciego en sus problemas no se da cuenta, de cuando un amigo se ahoga.

Pero yo quiero remediarme en mi egoísmo, y salvar así la vida de mi amigo, sacar su dolor de un solo golpe,

y además, le estaría agradecido.

           Hoy ha sido un dia triste, pesado e inerte, he pasado gran parte de él conteniendo las lágrimas y aguantando ese insoportable dolor en la garganta, como si te apretaran la traquea cada vez que se quiere hablar, pero en esta disciplina del silencio he encontrado ese aliento y consuelo que tan imposible parece en momentos así. Siempre te tendré aquí, dentro, un tesoro más dentro de mi.
 A Kirru (19.04.06)
 

       

Estos días

Estos días me he recargado de la energía natural, leí hace poco que los sabios tendían a aislarse del mundanal ruido y su vorágine diaria y en este pequeño descanso he comprendido totalmente tan acertada opción.
La naturaleza nos hace centrarnos en las pequeñas cosas que en la rutina diaria de las ciudades ni tan siquiera percibimos su existencia. Cada elemento de la naturaleza nos marca senderos nuevos, inexplorados, de nosotros mismos y de nuestro entorno. Me siento tan humilde en campo abierto, como entre frondosos árboles, o a cielo descubierto o frente a mi mar…
Me siento tan necia e insignificante ante tanta natural grandiosidad:
Junto a un árbol siento como nace, a través de su savia, un reguero de nuevos proyectos.
Sobre la hierba percibo, en medio de sus brotes, el renacer de los propositos marchitos.
Bajo la lluvia, siento diluirse el dramatismo de aquello que se quedó en el camino, o que perdí, o que me robaron…
Junto al viento me siento ligera, nervuda y capaz de enfrentarme al día a día.
Frente al sol, sonrio y me dejo templar por su cálido abrazo, purificando en él la negrura de mis pensamientos.
Bajo el cielo me reconozco vulnerable, indecisa, frágil, bajo el cielo me descubro como soy, me desnudo sin pudor aceptando la luz de los días y la oscuridad de sus noches, sin máscaras, sin corazas, yo.
Todo el conjunto, en su esplendorosa sencillez y con su ausencia total de soberbia refuerzan y tonifican mi visión de la realidad, tan mediatizada por lo que la vida, hoy en día, proyecta sobre cada uno.
Estos días he reflexionado mucho y muchos son los pensamientos nuevos que me han llenado. Tengo la retina llena de imagenes que aún soy incapaz de clasificar y descifrar, pero que ahí siguen. Hay tiempo, eso es lo principal.
 
 

¿Estas ahí?

         ¿Aún sigues ahí? no te había sentido…¿me observas o ni siquiera me percibes? Yo sin embargo navego cada día por tus verdes ojos, sin rumbo, a la deriva… me perturbas cuando clavas en mi tu mirada y tengo que contener mi respiración, junto con mis ganas de asir tu rostro entre mis manos y cubrir con mis labios cada pliegue, cada gesto, de hacerte sentir en cada roce todo lo que aun agitas en mi interior, este mar que se encrespa en mis entrañas, de impregnarme con tu aroma, embriagándome hasta dejar el sentido común  junto  a tus prendas y hacerme pequeña entre tus alas, dejarte jugar con mi deseo…                                                                                              

          Frunces el ceño, si, ni siquiera sospechas mis propósitos, ni siquiera tiendes tu mano en mi busca como antaño, me miras y descubro tus preguntas en las arrugas de tu frente, “¿seguirá aun la tregua o comenzará una nueva batalla?”…   

 

                                                                                         

          Al menos, hay momentos en que nos esforzamos por buscar el dialecto aquel que tan fluidamente empleábamos antes de nuestros cotidianos viajes a través de cada día.                                                                          

 

 

Impaciencia

     Miro el calendario a cada rato, te busco en cada minuto que pasa, hemos hecho un pacto y no me siento capaz de respetarlo, miro el teléfono y desesperada por su mutismo me aferro con fuerza a cualquier superficie para no sucumbir a las ganas de llamarte, de gritar, de preguntar dónde estas, a dónde fuiste, si tardarás…
     Se que puedo vivir sin ti, pero me quedaré herida, marcada por siempre, he aprendido a ser fuerte, pero te necesito en mis miedos, en mis noches, no ves que tan solo con una palabra tuya haces que mis pilares tiemblen y mi suelo se quiebre, perdí la capacidad de confiar en tí hace muchas lluvias, caida a tus pies fuiste incapaz de recogerme, como si no me vieras, como si no sintieras mi dolor, incapaz de alcanzarme, y allí comenzamos a alejarnos, en tántas caídas acabé rompiendo la esencia de nuestro sentimiento, ahora caminamos juntos, tu en tu plano y yo en el mío, tengo el interior mutilado y continúo con la esperanza de que todas las heridas sanen y sea capaz de extirparte por siempre para no seguir lacerando nuestra herida.
     Pero no puedo evitar volver una y otra vez sobre los días que quedan para que volvamos a hablarnos, a intentar como tantas veces, aparentar que nada ha sucedido y que la vida sigue tal y como el día más feliz de mi vida lo concebimos… un amor para siempre… en el cielo y en el infierno.

Un final perfecto

     Hoy tengo ganas de estar tumbada, de espaldas, mirando al techo, sé que fuera hace un día cálido y despejado que invita a disfrutar de la luz que irradia sobre cada esquína y espacio, pero yo hoy solo tengo ganas de estar tumbada y dejarme absorber por el silencio, ser capaz de dejar la mente en blanco y abstraerme de todo lo demás, estoy cansada, creo que he debido de contraer un extraño virus que atrae hacia mí toda la carga de aquellos con los que convivo, de forma inconsciente y sin darme cuenta, voy recogiendo su carga para que su caminar no se haga penoso, y de pronto me doy cuenta de que la que va sobrecarga soy yo, y que para colmo de desventuras, me importa un rábano…
     Cada vez soporto menos la idea de que alguien a quien quiero o aprecio pueda estar sufriendo o padeciendo y estando en mi mano no ser capaz de ayudar.
     No soy superwoman, ni un angel, ni nada raro, creo que tan solo soy una persona con conciencia, y que encima, cuando mis defensas están bajas ( o mis hormonas, no lo se a ciencia cierta…) se me instala en el alma una desmedida sensibilidad que no me deja descansar.
     Asi que ahora que he llegado a mi casa y me he encerrado a salvo del roce con cualquier otro ser humano, siento los músculos y los huesos hechos puré, y solo tengo un pensamiento en mi cabeza, hoy tengo ganas de estar tumbada, quieta, mirando al techo, y que el manto de la noche me encuentre así y arrope mi sueño.
     Que perfecto sería un fin de día asi… si no fuera por que tengo tres pulgas saltando a mi alrededor y con una idea totalmente diferente sobre como debe acabar este dia.
     Quizás en otro mundo……