Archivo mensual: febrero 2007

Y tu, ¿lo conoces?

 

Correr, transitando anochecidos caminos llenos de sombras que acechan por doquier, tropezando con lo abrupto de un terreno que se muestra hostil, como sin no reconociese o como si no se le reconociese, espoleados por miles de pensamientos que discurren veloces confundiendo el norte o el sur, perdiendo el origen y destino entre la niebla del adversidad.

Adentrándose, cada vez mas, en una maraña de laberintos que complican la existencia haciendo cada vez mas difícil discernir la claridad, una escapatoria. Narcotizando los sentidos con el veneno de la desesperanza, vaciando el corazón, acallando su latido, amordazando el espíritu, secuestrando la esperanza, para contemplarse, al final, falseada la mirada, con un ilusorio paisaje que congela los emociones, incapacitada la facultad para reconocer huellas o signos que permitan encontrar y seguir una senda por la que escapar de tan tétrico término.

Muchos son los que conocen este paisaje, demasiados los que quedan en él.

POR EL RIO DE MI VIDA (P.Merino)

 
  POR EL RÍO DE MI VIDA

Tantas aguas han fluido

por el río de mi vida,
tantas vidas que se han ido
por sus aguas cristalinas,
vidas que tanto he querido,
que me dejaron heridas,
y en su largo recorrido
mil vivencias tan queridas.
 
Hoy el río me ha traído
hasta sus blancas orillas
recuerdos que creí perdidos
de almas desaparecidas.
No estaban en el olvido
estaban solo escondidas
mi río en su recorrido
                                    las mantuvo protegidas.             Palmi Merino

Un rato a solas.

 
              Siento un maraña en mi garganta, una opresión en mi pecho, quiero llorar y no me atrevo, me ahoga esta imposibilidad para desahogarme, necesito ocultarme, arrebujarme entre las sombras y pasar inadvertida. A veces, cuando deseas que te perciban  uno se siente absolutamente ignorado, y curiosamente, cuando el deseo es totalmente el contrario, cuando se pretende ser invisible y poder desnudar el alma, quedar desplegado y a solas con uno mismo, todos los ojos acechan y vigilan.

Algunos ojos tan solo desde su apetito por saber, su morbosa curiosidad, otros desde el atento celo que acciona el cariño, como una especie de radar que parece seguirte incansable, aunque se desee burlar su resguardo y custodia.

Hay momentos en que uno necesita llorar, necesita gritar y sentirse mal, necesita poder quejarse de su dolor sin tener que declarar, como enjuiciado, sin tener que excusarse, sin tener que soportar el miedo ajeno.

Cuando un recipiente se vuelca, inevitablemente parte de lo que contiene se escapa y la esencia busca por donde escurrirse, por donde perderse, imposible retornarlo dentro, a veces así, cuando uno se desnivela, algo de si mismo cae y se escapa, algo como un esfuerzo, un afán, energía, un contratiempo, o el cansancio… y si la caída es algo dura, es necesario permanecer inmóvil un tiempo, para ser conscientes del lugar, de la situación, de las consecuencias, dejar un tiempo de duelo, un tiempo  para el propio lamento.

Yo me he caído y quiero estar así un rato, que me dejen tendida hasta que me recupere, y solo consigo andar arrastrándome para esconder el daño de los demás, como hacerles comprender que no ha sido nada, que solo quiero examinarme el rasguño y calmarlo yo misma, que necesito, quizás de mi propio consuelo, que preciso tan solo aceptar este pequeño contratiempo y volveré a ser yo, y volveré entera, volveré caminando como si tal cosa.

A veces, duele tanto el cariño de los demás… a veces, me traspasa tanto la preocupación de los demás, sus rostros, sus susurros, sus palabras de consuelo, ¿cómo hacer comprender, a alguien que te quiere, que cuando mas creen que tu les necesitas, quizás, y solo quizás, puede darse el caso en que lo que uno necesita es estar solo?

¿Progresión?

            
  ¿Progresión?

Finalmente, he extirpado la atracción que mantenía cautivos los desasosiegos

no me siento mejor ni peor, ni siquiera siento alivio,

tan solo sé que hoy, por fin, salté el abismo que nos separará por siempre

al menos sabré que fui capaz, tu, te quedarás en tu trinchera.

Me quebré las alas golpeándome contra la incoherencia de nuestras acciones

dos insectos atrapados en la pantalla de luz que proyectan los deseos incumplidos,

los miedos, las soledades…

No te diré adiós, pues de nada ha de valerme

noche y día,  luz y sombra, nada es lo uno sin lo otro

y sin embargo existen, estan, concurren, 

así, fatalmente condenados a no descubrirnos jamás.

 

Lamento

    Lamento
 
Son tantas las veces que me invocas
agua quieta que en el fondo espera.
Son tantas las ganas que provocas
por dejarse arrastrar hasta tu vera.
 
Pero llueve y así mismo empujas
sumergiendo mi propio lamento.
Perpetuo hender de las agujas
devorando mi ser en su tiempo.
 
Déjame llorar hasta extinguirme
Buscando el descanso de la nada
Déjame sentir que al fin soy libre
 
No me veles más, quiero rendirme
cobarde escapar de madrugada   
quizá al fin consiga redimirme.