Archivo mensual: agosto 2007

Despertar

 
DESPERTAR

Despertar,
abrir los ojos a la luz.

Por descubrir,
que el sol aun puede teñir,
con su calor,
y salpicar un alma gris.

Reanimar,
un aturdido corazón.

Al fin creer
que lo imposible aun puede ser.

Reconquistar,
antiguas causas que olvidé.

Y amanecer,
dejar la oscuridad de ayer.

 
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Retorno a la Luna

 
RETORNO A LA LUNA

Acudo a ti, como tantas noches lo hice antes. Había olvidado, o deseado olvidar mis requerimientos y tus cánticos. Mi falta de convicción y tu influjo.
Esta noche estás especialmente luminosa, pero tu fosforescencia se ve enrojecida. ¿Por qué me ocultas parte de tu rostro? ¿Acaso te sentiste contrariada por mi ausencia?
Inmensa en el vasto infinito, regente de la oscuridad y las sombras, tu, que otorgas deseos, aquellos ocultos, aquellos guardados y secretos como tu órbita, a las pobres almas que hasta a ti acuden, dolientes y perdidas para entregarte su voluntad, a cambio de uno solo de tus besos.
Tus besos, los que hielan el alma y nublan la razón. Los que transmiten la sabiduría ancestral de tu acechante mirada. Suspendida, desde el principio de los tiempos, vigilando con celo los infortunios que te rodean.
Aquí me tienes, vuelvo a tu lado, despojado de todo orgullo, sin exigencias ni reclamos, sin estruendo, quebrantado y desfallecido, tan solo con invocaciones sobre tu poder.
¡No..! no te ocultes, no te envuelvas entre nubes de despecho. He vuelto a ti ¿no es suficiente? Fui eterno amante de tu estela, errante acólito de tus preceptos.
Si, reconozco que te fallé, que abusé del poder ungido y me entregué a un mundo que exigía renunciar a ti. Los lunáticos no están bien mirados en los dominios de la luz. Y robándote un último beso, corrí hacia ellos, apartando mis ojos de tu semblante.
Pero te llevo en mi sangre, la que a través de tu tacto volviste argentina, como un rió de mercurio, pesado y asfixiante que me ha devuelto al extremo de tus destellos.
Lo derroché, lo perdí todo…todo el vigor concedido, todo el misterio, toda capacidad de soñar.
Vuelvo a ser un pobre insensato, necesitado de tu proyección, de tu ascendiente.
¡Mírame, Luna! Mírame y déjame amarte de nuevo. Ya mi corazón se descompuso irreversiblemente y tan solo tus cristalizadas caricias lo mantendrán suspendido en el frío eterno de tu noche.

 

Negro

 
 
 

Negro, mi mar hoy.

Negro como los jirones de mi alma.

Negro mi pelo y negros mis ojos.

 

Lame la arena negra que corrompen mis pies.

Bajo un negro cielo cegado de tormentas.

Contemplando a lo lejos los restos de mi naufragio.

Se obstina la espuma en salpicar mi ánimo,

manteniéndose alba a pesar del espectáculo

y la afrenta del negro salado de mis lágrimas.

 

Mi cuerpo depuesto,

mascarón de proa que se va perdiendo.

Y las olas rugientes que me llaman a gritos,

intentando arrancar la negrura que desprendo,

agitándose ante mí, estandarte baldío.

 

Ojala que la brisa se volviese tornado,

destruyendo esta imagen,

de negro aciago.