Archivo mensual: abril 2009

Colorin-colorado

…COLORIN COLORADO… 

                                 Cada mañana buscaba el reflejo de sus deseos. Se alzaba esperanzada como si sus pies poseyeran alas impulsándola hasta la ventana donde anhelante, pegaba su nariz al frío cristal oteando más allá, segura de que una mañana cualquiera la imagen que encontraría sería diferente.

                                 Cada mañana su sonrisa palidecía al recibir lo inmutable del escenario en sus pupilas, la instantánea de su realidad. Descalzaba sus pies dejando las alas bajo la cama, para que al día siguiente, pudiera encontrarlas con facilidad.

                                 Cada mañana acariciaba su rostro frente al espejo buscando aquello que poco a poco iba perdiendo. En ocasiones, lavaba su rostro con el rocío que su nostalgia la regalaba, otras veces, coloreaban sus mejillas el resplandor que desprendía su mirada y el brillo contagioso de la sonrisa al sentir el cosquilleo de la esperanza asomando bulliciosa.

                                 Vestida de tesón, se aseguraba de llevar consigo su perseverancia. Caminaba tras los segundos que formaban los minutos que agotaban las horas que la devolvían a su hogar. Sacudía en el felpudo la desilusión que llenaba las calles, preocupándose de no arrastrar en sus zapatos la sombra del fracaso que tantas veces parecía seguirla.

                                 Confiada, se liberaba en aquella atmósfera que la recibía con un melodioso silencio formado por los sueños palpitantes que guardaba entre todos aquellos objetos que formaban el mosaico de su esencia.

                                 En cada crepúsculo cuidaba su sonrisa antes de acostarse para que así velara su descanso preparándola para una nueva mañana.

Recuerdos

                       TIEMPOS QUE FUERON Rosalía de Castro

Hora tras hora, día tras día, 
entre el cielo y la tierra que quedan 
eternos vigías, 
como torrente que se despeña 
pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume 
después de marchita: 
de las ondas que besan la playa 
y que una tras otra besándola expiran, 
recoged los rumores, las quejas, 
y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron llantos y risas, 
negros tormentos, dulces mentiras, 
¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron, 
en dónde, alma mía?

 

TRISTEZA

 
TRISTEZA

La tristeza es un manto que va cubriendo la quietud de un lugar desmantelado, interrumpiendo su pulso natural; envolviéndolo en sombras que se derraman desde la debilidad de una luz insuficiente.

La tristeza te seduce entre nostálgicas armonías que acunan sentidos fatigados con un tacto de seda que los atrapa hasta consumir el aliento.

La tristeza es sombría, se nutre de la exaltación de las emociones absorbiéndolas hasta dejar, con su llegada, una atmósfera gélida en la que nada crece y todo se marchita.

Dualidad

 

dualidad

 

Entre las piedras

empujando el alma

en jirones de una entereza marchita,

por lavar la culpa

o vender el miedo

borrando las manchas del resentimiento.

 

En el fracaso,

quizás en el triunfo

las dos caras de una insólita moneda,

por el día ángel,

en la noche diablo,

sol y sombra castigando a un mismo árbol.

Una mala noche

…Soñé con la deshumanización

 

La propia desesperación me arrojó de tan siniestro sueño. El corazón me latía tan fuertemente que temía fuera a detenerse súbitamente desfallecido. Sentía el sudor enfriándose en mi cuerpo, como un celestial intento por templar la fiebre de aquella pesadilla que aun palpitaba en mi cabeza.

No recuerdo el punto de partida, ni cómo llegué allí. En medio de un bosque sombrío caminaba despacio. La aprensión en el cuerpo, cauta. Creí que la escena se borraría tan solo con frotar mis ojos obligándolos a mirar de nuevo, pero solo conseguí apreciar detalles que antes no vi. Los árboles estaban ajados, erguidos aun, manteniendo cierto originario orgullo, pero grises, opacos, resecos. La hojarasca cubría el suelo por el que yo pisaba provocando un crepitar que erizaba la piel. No podía distinguir si era de noche o de día porque una cerrada bruma envolvía el paisaje.

Apenas había dado diez pasos cuando un ruido me hizo detener. No así los latidos de mi corazón que lejos de aquietarse aumentaron su ritmo vertiginosamente. De nuevo el sonido. Me sobresalté girando sobre mi misma, buscando en mi cabeza la información que asociara aquella especie de golpeteo con algo conocido o identificable al menos. No necesité demasiado tiempo y descubrirlo tampoco ayudó a tranquilizarme. Era, sin duda alguna, un batir de alas. No obstante, debían ser unas alas enormes, por el fragor que se extendía en su agitación.

Propio de las pesadilla parece ser la falta de coherencia imperante en las mismas, por lo que, contrariamente a mi verdadero deseo dirigí mis pasos hacia el lugar del que provenía el sonido y resolver así el misterio. Sin embargo, no me asusté con lo que vi. Eso si, no tanto por valentía, sino por estar inmersa en un sueño.

Acurrucada en el suelo, el rostro oculto por el pelo que caía al mantener inclinada la cabeza y abrazando una rodilla que mantenía recogida sobre su pecho, pude ver una figura humana portadora de grandes, majestuosas y bellas alas como las de un ave. No tuve tiempo de preguntar. Me golpeó directamente en el pecho el lamento de aquel ser, un ángel quizás o un monstruo. Pero su desesperanza y desconsuelo me pesaron tanto como a sus propias extremidades, y comprendí sus vanos intentos por alzar el vuelo, presa de la tela de araña que el desaliento había tejido a su alrededor.

Seguí mi camino, el temor había desaparecido dando paso a una desgana que hacía que mis pies se arrastraran. Y fui dejando atrás aquel lugar. La bruma aun se empeñaba en dar ese toque de ensueño al espectáculo que se me iba mostrando. Una lánguida luz parecía querer mostrar el amanecer… o el atardecer, realmente difícil distinguirlo. Caminaba sobre una especie de espejismo. Una superficie pulida como un cristal, que confinaba bajo mis pies ciudades gélidas, adormecidas. Todo me llevaba hacia una especie de fortaleza. Armazón de hierros y piedra. Elevada, una atalaya o una especie de torre parecía presidir aquel caos. No tenía deseos de llegar pero lo hice.

Creo que me desangré en lágrimas, sentí el crujir del alma al marchitarse, y estuve a punto de ceder a la presión del dolor que aferraba mi garganta.

Una nueva era, un nuevo mundo, no se si pasado o futuro. No lo sé o no quiero saberlo, porque aun se agita mi pulso ante el recuerdo.

Mechones de pelo desordenado caían en diferentes extensiones. No tenía oídos que escucharan. Ni nariz para percibir la esencia de la propia vida. Un solo ojo, pequeño, impasible, como pequeña lente de una cámara en medio de lo que debía ser un rostro. Apenas dos finas líneas mostraban lo que quería ser una boca guardando pequeños y afilados dientes amenazantes evitando cualquier cercanía, ni siquiera entre ellos. Una enorme cicatriz donde debió alojarse un corazón y una piel cubierta de señales, cetrina y tatuada como un viejo pergamino.

Aquello resultó ser la nueva condición humana en ese tiempo diferente. Así desfilaban uno tras otro, todos, frente a mi atónita mirada. Sentí mi desesperación paralizándome, desbordando mi corazón.

Y desperté, entonces desperté, aferrándome a la realidad con tal agitación que también te desperté a ti. Apenas un trémulo suspiro antes de buscarte, y por un instante, temí continuar allí presa de aquella alucinación cuando descubrí tu mirada ausente, tus labios fruncidos, y las lágrimas que había perdido, deslizándose por tu rostro.

Constancia


CONSTANCIA

Piedra sobre piedra

he construido mi fortaleza

frente al mar.         

 

Firme la primera

en disminución continua,

triangular.

 

Expuesta a la erosión

soñando ser espuma o gaviota,

volar.

Mucho ruido y pocas nueces


FRAGMENTO….

No sufráis, niñas, no sufráis.

Que el hombre es un farsante.

Un pie en la tierra, otro en el mar.

Jamás ¡Será constante!


¿Por qué sufrir? Dejadles ir!

! Y disfrutar la vida!

Vuestros suspiros convertid

en cantos de alegrí­a.


No cantéis, niñas, no cantéis

lamentos de infortunio.

El hombre falso siempre fue

desde que el mundo es mundo.


¿Por qué sufrir?

¡Dejadles ir!!

Y disfrutad la vida.

Vuestros suspiros deberéis convertir

¿En qué?

En cantos de alegría.