Archivo mensual: septiembre 2010

Publicidad gratuita.

 

Bueno, creo que lo hago más por obligación que por convicción, estos temas no son para mí pero, por si acaso aquí dejo la información.
Un pasito diferente, y ahora creo que ya he hecho todo lo que se dice debe hacer una persona para sentirse realizada (No sé si era así o me lo he inventado) me refiero a lo tener un hijo (tengo tres) plantar un árbol (y algunos más también) y escribir un libro (en este punto podria discutirse, lo se, pero algo es algo).

Anuncios

Historietas


SUPERANDO OBSTÁCULOS

Sentado en la sala de espera, jugueteaba con la uña de su dedo anular mirando a su alrededor. Intentaba no mostrar la agitación que hacía que su corazón pareciera a punto de estallarle dentro del pecho, seguro que si alguien lo miraba fijamente podría ver la vena de su cuello palpitar agitada.

Pero ¿quién se fijaría en él? Un anodino hombre de 45 años cuyo aspecto se había ido deteriorando al tiempo que lo hacía su propia vida. Se había afeitado y vestido para la ocasión, no haría que nadie suspirase por él pero al menos estaba más presentable que aquel terrible mes que acaba de terminar.

¡Era ese trabajo o su fin! Necesitaba que aquella entrevista se resolviera a su favor o su mundo terminaría por desaparecer bajo sus pies. Su casa, su mujer, sus dos hijos…¡Todo!

-¡Javier Leira!-

Como si de pronto hubiera descubierto que estaba sentado sobre ascuas ardientes, se puso en pie respondiendo con un ahogado “soy yo” que estuvo seguro aquel hombre con la lista en la mano no había escuchado.

Al entrar, se repetía para sí como una letanía que debía estar tranquilo y seguro, ese era el quid de la cuestión.

Tras el escritorio un hombre y una mujer lo escrutaban, interpretando cada gesto, cada respuesta, cada gota de sudor que aparecía en su sien.

Lo sabía, no lograría aquel trabajo, no lograría resolver su vida y poder, al fin, respirar sin sentir que los mismísimos cimientos de su casa descansaban sobre su pecho. Apenas diez minutos y ya se les veía desinteresados.

El corazón terminaría por salírsele del pecho ¿Y si muriera de un infarto allí mismo?… Quizás fuese la solución perfecta. En ese preciso instante una serie de destellos lo dejaron repentinamente ciego para ver lo que ocurría, no sabía dónde ni cómo estaba y se encontró pidiéndole a un Dios al que había dejado de hablar hacía mucho tiempo que tuviera un final feliz.

Nadie pudo interpretar aquella sonrisa con la que, Javier, se había despedido de la vida.