Archivo mensual: junio 2011

Martes

He encontrado el depósito donde atesoramos nuestro pedazo de pasado. Ese mar bullicioso aquella tarde de verano, la flor caída del almendro donde estampamos nuestros nombres con la esperanza de que duraran al menos tanto como aquel árbol, la cera derretida de la vela con la que leíamos a escondidas en la noche poemas imposibles, el olor a hierba sin cortar húmeda de rocío, la sombra alargada de la puerta de mi casa, donde venías a recogerme cada domingo. El tiempo ha castigado su aspecto, pero he podido abrirlo para volver a evocar ese tiempo. La marea había cubierto la orilla de desechos, el almendro había sido talado convirtiéndose en un solitario tocón. La huella oleosa sobre líneas borrosas me hicieron pensar en aquella vela y en aquellas noches, kilómetros de asfalto habían invadido los verdes pastos y aquella casa tan solo era un espectro inhabitable. ¿Sabes? He descubierto que el deseo de revivir el pasado, a veces, solo sirve para hacer recuento de lo que no supimos conservar ni cuidar.

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En un hueco entre suspiro y suspiro.

DESCANSANDO

A través de mi pecera hay días que juego con las gotas de lluvia. La naturaleza libera cuando la realidad agobia. Escapar… alzar el vuelo entre cortinas alcanzando el azul infinito. La velocidad eriza la piel pero detiene el presente; correr demasiado parece dilatar después el tiempo cuando se frena para regresar a la cadencia acostumbrada. La prisa me intimida porque termina por ser ingobernable, avanzar también asusta y causa vértigo.  Llevo demasiado tiempo caminando y me estremece la marcha del planeta. Consumimos los minutos como la lumbre engulle ese cigarrillo maldito por el que se debate el mundo perdiéndonos en el humo que envicia el ambiente en el que nos perdemos cada vez más. Me he acostumbrado tanto a salvar la ladera más escabrosa que, ya no soy capaz de encontrar el sendero de retorno a la sencillez, a la confianza, a la credulidad. Pero a veces, a través de mi pecera, pegando mi nariz contra el cristal, juego a deslizarme como esas pequeñas gotas juguetonas, ajenas a su final.